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jueves, 17 de noviembre de 2011

MUJERES POBRES, ECOSISTEMAS FRÁGILES



(Guadalupe Espinosa)
A las puertas del nuevo milenio, las mujeres, sobre todo las campesinas, juegan un rol clave en la preservación del medio ambiente.
Actualmente, hay todavía en el mundo un alto porcentaje de población -sobre todo femenina- ocupada en la agricultura de subsistencia en Africa, América Latina y Asia.
Allí, todos los días, las mujeres enfrentan el desafío de conseguir medios para sobrevivir, como combustibles, agua y alimentos que se agotan en forma creciente.
Así, las mujeres son las primeras que sufren con la degradación de la tierra, cuando los árboles desaparecen y cuando los suministros de agua se contaminan.
Hay una verdad contundente que debe iluminar la agenda de quienes toman decisiones: en la medida en que las mujeres permanezcan pobres, los ecosistemas frágiles estarán en riesgo.
El desarrollo sostenible no será posible si no se mejora radicalmente la situación de la mujer, es decir, si no se diseña el desarrollo para los hombres y las mujeres en términos de igualdad.
Esto implica la activa participación de las mujeres, tanto en la toma de decisiones como en la aplicación de los programas de desarrollo.
En su papel de productoras agrícolas, jefas de hogar, empresarias y trabajadoras, las mujeres utilizan, manejan y conocen una amplia gama de recursos naturales y de contextos ambientales.
Pero para que se concrete su contribución, se requiere ampliar el acceso de las mujeres a la propiedad, al crédito, a las nuevas tecnologías y a la información.
Se debe reforzar la capacidad de acción de las mujeres en sus hogares y sus comunidades, y abrir los mecanismos que liberen su potencial de acción para participar como líderes de su comunidad.
En la medida en que las mujeres tengan éxito en actividades relacionadas con la economía y el medio ambiente que las rodea, su participación en la vida pública en otras instancias tendrá más posibilidades.

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