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martes, 8 de julio de 2014

7 DE JULIO, DIA MUNDIAL DE LA CONSERVACIÓN DEL SUELO




El Día Mundial de la Conservación del Suelo se celebra todos los años el 7 de julio, en recuerdo a una persona que logró aumentar la producción de la tierra mediante la protección de la misma y que trabajó para concienciar de los beneficios de su adecuado manejo, Hugh Hammond Bennet.
Pretende ser un día en el que se conciencie a la población mundial sobre la importancia que tiene para los humanos, animales y plantas, es decir, para los seres vivos, la conservación del suelo.
El suelo del planeta en el que vivimos es esencial y fundamental para el mantenimiento de la parte de la Tierra en la que hay vida, la biósfera. El suelo es un sistema complejo en el que ocurren numerosos procesos químicos, físicos y biológicos. En el suelo viven miles de plantas y numerosas especies animales.
Es muy importante que cada persona aprenda a conservar el lugar en el que vive y se apoyan nuestros cimientos, la superficie terrestre. Las quemas y corta de los árboles pueden llegar a ser una de las causas de la erosión de la superficie, el uso exagerado de fertilizantes pueden llegar a ser la causa de empobrecimiento del suelo.
La productividad del suelo debe ocupar un lugar cada vez más prominente en el pensamiento de los pueblos y de sus conductores. Como fuente de alimentos para toda la humanidad debe ser objeto de la consideración inteligente y permanente que merece una riqueza tan indispensable.
Este día pretende marcar las bases para evitar la destrucción del suelo así como regenerar todos aquellos lugares del mundo que se han visto demasiado erosionados y empobrecidos. Para ello se realizan diversas iniciativas como la siembra de árboles, además de enseñar a la población a ser cuidadosos con el medio que nos rodea.

viernes, 28 de febrero de 2014

INUNDACIONES E INCENDIOS EN EL BENI




(PIEB)
Una gran proporción de la población en Bolivia es vulnerable a los desastres naturales y al cambio climático. El departamento del Beni, en particular, es afectado periódicamente por inundaciones estacionales e incendios. Durante la época húmeda el aporte de agua de la parte alta de las cuencas del Mamoré y el Beni, además de las lluvias locales, producen la crecida de ríos y la inundación de una gran proporción del departamento. Por otra parte, durante la época seca son frecuentes los incendios descontrolados originados principalmente por la quema de pastizales -que se utilizan como alimento de ganado vacuno- para estimular su rebrote, y en menor proporción para habilitar tierra para el cultivo agrícola.
El PIEB realizó una investigación que tuvo como objetivo analizar las relaciones entre las inundaciones e incendios en la cuenca del río Mamoré durante el período 2000-2010 y el rol que juegan otras variables climáticas (como temperatura, precipitación y viento) en estos fenómenos.
Se emplearon sensores remotos para determinar la ocurrencia e intensidad de incendios e inundaciones a lo largo de este período de once años en el departamento del Beni. Adicionalmente, se realizaron entrevistas a pobladores locales para conocer su percepción de los daños producidos por incendios descontrolados y el conocimiento que tienen sobre los programas de mitigación.
El clima, particularmente la temperatura máxima, la baja precipitación y la velocidad del viento, influyeron significativamente en el número de focos de calor. Las altas temperaturas y fuertes vientos facilitaron la combustión de la vegetación, así como la expansión de incendios hacia zonas aledañas. Por otro lado, fuertes precipitaciones mantuvieron la vegetación y el suelo húmedo, inhibiendo la combustión de los pastos.
La frecuencia de los incendios por mes mostró un comportamiento cíclico, caracterizado por picos de focos de calor a finales de la época seca (agosto y septiembre), cuando hay poca precipitación pluvial. Es muy probable que la periódica inundación de las pampas benianas durante la época húmeda también inhibiera la quema de la vegetación.
Los grupos sociales también resaltan que el uso del fuego para actividades económicas, como regeneración de pastos y habilitación de tierras de cultivo, requieren del compromiso social de la población para evitar los desastres socio-ambientales que producen los incendios descontrolados, así como un marco legal adaptado a la realidad del lugar.
La integración de un análisis espacial, temporal y social identificó factores que crean condiciones ideales para la expansión de incendios. El desarrollo de futuras políticas públicas para la mitigación de incendios requiere de un marco que considere la incertidumbre asociada a variaciones climáticas producto del calentamiento global.

miércoles, 21 de agosto de 2013

CAUSAS DE LOS INCENDIOS FORESTALES



Si bien las causas inmediatas que dan lugar a los incendios forestales pueden ser muy variadas, en todos ellos se dan los mismos presupuestos, esto es, la existencia de grandes masas de vegetación en concurrencia con periodos más o menos prolongados de sequía.
El calor solar provoca deshidratación en las plantas, que recuperan el agua perdida del sustrato. No obstante, cuando la humedad del terreno desciende a un nivel inferior al 30% las plantas son incapaces de obtener agua del suelo, con lo que se van secando poco a poco. Este proceso provoca la emisión a la atmósfera de etileno, un compuesto químico presente en la vegetación y altamente combustible. Tiene lugar entonces un doble fenómeno: tanto las plantas como el aire que las rodea se vuelven fácilmente inflamables, con lo que el riesgo de incendio se multiplica. Y si a estas condiciones se suma la existencia de períodos de altas temperaturas y vientos fuertes o moderados, la posibilidad de que una simple chispa provoque un incendio se vuelven significativa.
Por otro lado, al margen de que las condiciones físicas sean más o menos favorecedoras de un incendio, hay que destacar que en la gran mayoría de los casos no son causas naturales las que provocan el fuego, sino la acción humana, ya sea de manera intencionada o no.
Las causas que originan un incendio forestal se agrupan pues en tres categorías principales:
Intencionados: representan un 60-70% de los casos. Las motivaciones son variadas, siendo con diferencia las más comunes la quema no autorizada, ilegal e incontrolada de superficies agrícolas, ya sea para la eliminación de rastrojos o matorrales ("quema agrícola") o para regeneración de pastos. Otras motivaciones menos corrientes detrás de un incendio provocado son la piromanía, usos cinegéticos, vandalismo, venganzas personales, especulación urbanística, bajar el precio de la madera, etc. Cabe señalar que el delito de incendio está tipificado en muchas legislaciones.
Negligencias y otras causas accidentales: representan un 15%-25% de los casos. En este apartado, las quemas agrícolas (en este caso autorizadas, pero en las que los autores perdieron el control del fuego extendiéndose éste por la superficie forestal colindante) están también entre las causas habituales. Otras causas son las colillas y hogueras mal apagadas, quema de basuras, trabajos forestales, etc.
Naturales: representan menos de un 5% de los casos. Se deben casi siempre a la acción de un rayo.
Por último, en contadas ocasiones (menos del 2%) un incendio es una reproducción de un incendio anterior que no llegó a extinguirse del todo y se extiende a una nueva zona.
Cabe aclarar que los porcentajes indicados son valores promediados -la frecuencia de la intencionalidad, por ejemplo, puede variar mucho de unas regiones a otras.